La vida sexual de los vegetales (Lorna Crozier)

 

ZANAHORIAS

Las zanahorias se están culiando
a la tierra. Una erección
permanente, que empujan más adentro
a lo negro y húmedo.
Todo el verano
lucharon por complacerla.
¿Estuvo bueno?
¿Te gustó?

Quizás porque la tierra no iba a contestar
lo siguieron intentando.
Mientras tú te paseas por el jardín
pensando en un pastel de zanahoria,
en las zanahorias y cebollas de un estofado de carne,
en un budín de zanahoria con salsa de caramelo,
ellas siguen culiándose los sesos
en la hora más caliente de la tarde.
 

REPOLLOS

Lentos y longevos,
satisfechos de soñar al sol,
con sus cabezas dentro, los repollos
ignoran la caricia
de la mariposa de la col, 
el vientre blando y corredizo
del gusano.

Sabes que es una locura
pero descansan tan quietos,
tan autónomos, que los imaginas
poniendo huevos
en los negros bolsillos de la tierra,
creyendo que una mañana se habrán ido
a rastras al arroyo tras la casa

haciendo con mucho cuidado
su propio camino
al mar.


LECHUGA

Criada para una cosa
para una sola cosa,
la lechuga es una cortesana
en sus años tiernos.
Bajo sus enaguas elegantes
sus pies estrechos están atados.


COLIFLOR

El pálido cerebro del jardín
conoce la doble vida
de todos los vegetales,
guarda sus fantasías,
sus verdes deseos sexuales,
en sus lóbulos carnosos.


CEBOLLA

La cebolla adora a la cebolla.
Abraza sus muchas capas,
diciendo O, O, O,
cada vocal más pequeña
que la última.

Algunos dicen que no tiene corazón.
No lo necesita.
Se rodea a sí misma,
se siente completa. Primordial.
Primera entre los vegetales.

Si Eva la hubiese mordido
en lugar de la manzana,
qué distinto
el Paraíso.


PAPAS

Nadie sabe
lo que hacen las papas.
Se juntan
tranquilas y discretas.
Hay tantas bajo un solo techo
que se habla de incesto.

Las pálidas, torpes caras,
las nulas expresiones.
Albóndigas de papa.
Pasteles de papa.
Caras de papa.

En bodegas oscuras
alcanzan la bandeja de las papas
para abrazarse unas a otras
con sus brazos pálidos y flacos.


PEPINOS

Los pepinos se esconden
en un frondoso camuflaje,
apareciendo
            cuando menos lo esperas
como exhibicionistas en el parque.

La verdad es que,
todos ellos tienen una fijación
anal. Velo
cuando te agaches a recogerlos.


BRUSELAS

Las bruselas son gemelas
siamesas unidas por la columna.
Si invitas a salir a una
tienes que llevar un lote.
¿Tienes una hermana?
les causa un ataque de risitas.

Todas se visten combinando
conjuntos de suéter y lentes de sol
de los que reflejan,
así pueden ver       
              cómo se miran
desde la superficie plana
de los ojos de cada cual.


ARVEJAS

A las arvejas nunca les gustó nada de eso.
Te hacen sufrir con el dulce
estallido de verde en la boca. ¿Recuerdas
las horas desgranándolas en la cocina,
el sonido del tiesto? Tu mamá
te engrupe con limonada para mantenerte ahí,
sacándolas con tus pulgares.

Tu lengua las encuentra clitóricas
mientras se desliza por la vaina.
Las arvejas no se divierten.
Han pasado toda su vida
juntando las piernas.


CALABAZAS

Las calabazas son la gran
carcajada del jardín.
                 Sonrisas dientudas
cortan sus mejillas
mucho antes
de que talles un rostro.

Ellas ruedan por el suelo
con la misma cara,
y la profunda risa de su vientre
llega en olas golpeando
pechos de barril o de tambor
como agua a un balde.

Se ríen por
última vez
del ridículo y genital
tira y afloja de las cosas

burlándose de los locos
melones
de la luna
que se derraman como pechos
y hacen estallar 
los botones de la tierra.


de: The blue hour of the day. Selected poems. (2007)

 

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