Sobre los comienzos (Mary Ruefle)

En la vida, el número de comienzos es exactamente igual al número de finales: todavía nadie ha empezado una vida que no vaya a terminar.

En la poesía, el número de comienzos excede por tanto al número de finales que ni siquiera podemos imaginarlo. Ningún poema está terminado –alguno es abandonado, otro recibe fuego y es llevado por el viento, que puede ser un final, aunque sea el final de un poema que no acaba.

Paul Valéry, el poeta y pensador francés, dijo una vez que ningún poema puede considerarse terminado, que todos son meramente abandonados. Este dicho también se atribuye a Stéphane Mallarmé, dado que las citas vienen de una nube.

Paul Valéry también describió su percepción de las primeras líneas de manera tan vívida y tan precisamente, para mí, que nunca se me ha olvidado: la linea que abre un poema, dijo, es como encontrar un fruto en el suelo, un fruto caído que nunca habías visto antes, y la tarea del poeta es crear el árbol del cual ese fruto pudo haber caído.

En el principio fue el verbo [was the Word]. La civilización occidental descansa sobre aquellas palabras. Y todavía hay un grupo de pensadores vivos que creen que en el principio fue la Acción. Que nada precede a la acción –ni el aliento antes que la acción, ni el pensamiento antes que la acción, ni amor antes de algún tipo de acción.

Yo creo que el poema es una acción de la mente. Pienso que hablar sobre el final de un poema es más sencillo que hablar sobre su comienzo. Porque el poema termina en la página, pero empieza fuera de ella, parte en la mente. La mente actúa, la mente desea un poema, a veces incluso contra nuestra propia voluntad; esto sucede de alguna manera, de algún modo un poema consigue ser escrito en medio de una fiesta caótica de vacaciones que se quedó sin hielo, y en tu casa.

Una acción, un acto de la mente. Mover, hacer ocurrir, poner de manifiesto. Por un acta del Congreso. Un estado de existencia real más que posible. ¡Y los poetas aman las posibilidades! Aman preguntarse y explorar. ¡Muchísimo! pero el poema, sin importar cuán lleno de posibilidad, tiene que existir! Conducirse a sí mismo, comportarse. El poema marca su caracter individual según cómo actúe. Un poema de Gwendolyn Blue no suena como un poema de Timothy Sure. Simular, fingir, imitar. Eso, también, sí y siempre, porque la autoconciencia es la propia simulación de la conciencia, y lo ha sido desde su comienzo; la mente humana es capaz de un teatro enorme y elástico. Como lo acuñó el poeta Ralph Angel, “El poema es interpretación de una rara mierda teatral”. La rara mierda teatral es lo que pasa a nuestro alrededor todos los días de nuestras vidas; un animal de puro instinto, Johnny Ferret, tiene drama en sus acciones, pero no teatro; el teatro exige que traces un círculo alrededor de la acción y la observes desde fuera del círculo; en otras palabras, la autoconciencia es teatro.

Todos saben que si le preguntas a poetas acerca de cómo empiezan sus poemas, la respuesta siempre es la misma: una frase, una línea, una sobra de lenguaje, un ritmo, una imagen, algo visto, oído, presenciado, o imaginado. La lección siempre es la misma, y los poetas jóvenes comprenden que esta es una de las lecciones más importantes que pueden aprender: si tienes alguna idea para un poema, una cuadrícula exacta de intención, estás en el camino equivocado, en un callejón sin salida, en la cima de un acantilado que ni siquiera has subido. Ésta es una lección que solo puede ser aprendida por ensayo y error.

Creo que muchos buenos poemas comienzan con ideas, pero si lo dices a muchas caras, o lo cuentas muy fuerte, se quedarán con la idea errónea.

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Sobre la imaginación II (Mary Ruefle)

En Dia:Beacon, el museo de arte moderno y posmoderno junto al río Hudson en Beacon, Nueva York, hubo un gran proceso de planeación antes de que el museo fuera construido y abierto al público. Como puedes imaginar. Entre las grandes decisiones que tuvieron que ser tomadas estaba a qué temperatura debía mantenerse el aire al interior de las galerías. Tal vez hay un estándar de temperaturas del aire para museos, no sé, pero la mayoría, según mi experiencia, son un poco fríos, y asumo que a causa de razones de preservación del arte. Pero los arquitectos en Beacon fueron un paso más allá y decidieron que una persona no tenía que estar cómoda cuando contemplara arte, que el arte debía incomodar a una persona; presumiblemente, si el arte está haciendo su trabajo debería hacer eso, entonces decidieron mantener el museo muy helado en invierno y muy caluroso en verano, acompañando al flujo de las estaciones y al mismo tiempo yendo en contra de las temperaturas normales para esas estaciones. Si vas al Dia:Beacon y te sientes incómodo, ésta es la razón. Todo el tiempo hay gente que toma decisiones para todos de las que uno está completamente desprevenido. Pero una cosa especial ocurrió cuando visité el museo. Entré en una galería de trabajos de un artista asiático contemporáneo (cuyo nombre olvidé, desafortunadamente) y en la pared, un texto explicaba que una de sus piezas era una instalación invisible; él creía que el arte debía hacer sentir bien a la gente, especialmente feliz, y por lo tanto, en esta galería se canalizaban cantidades adicionales de oxígeno puro, y si permanecías en la galería el tiempo suficiente, debías poder sentir sus efectos. Por el resto del día, cuando me sentí cansada –así es como el arte me hace sentir a menudo– volví a la galería y descansé en una de las bancas. Y me sentí mejor, o lo imaginé. Y ahí tienes el ejemplo de tres imaginaciones diferentes colisionando.

Hay un arte ucraniano, el arte de pintar huevos de Pascua con colores extremadamente vivos y patrones extremadamente intrincados. Los ucranianos, sin embargo, no vacían los huevos primero, como lo hacemos nosotros, extrayendo el líquido por un agujero en el fondo. Ellos los usan frescos tales como están y, a menos de que seas muy torpe y quiebres uno por accidente, los huevos con el tiempo, a lo largo de los meses, no se pudren ni apestan, sino que se secan lentamente hasta que el interior queda desecado; incluso puedes tomarlos y sacudirlos como cascabeles. Los ucranianos hacen esto porque los huevos son un símbolo de la vida y para ellos es inconcebible que alguien drene la vida de un huevo en Pascua, el tiempo de volver a vivir, tanto la nueva vida de Jesucristo como la de todas las cosas que crecen. Supongo, de manera supersticiosa, que sería de mala suerte. Pero, de hecho, en esa primera mañana de Pascua, la cueva en que Jesús había sido sepultado fue encontrada vacía, entonces ¿por qué temerle entonces al vacío? ¿Acaso un huevo vacío no puede ser un símbolo de la cueva vacía de la cual había surgido Jesús? ¿Eso sería un error, o solo otra “toma” de los eventos?

Cuando pensé en esto, ¿estaba usando mi imaginación? De nuevo te digo que no sé cuál es la diferencia.

John Keats, en una carta dirigida a Benjamin Bailey escrita en 1887, dice esto: “La imaginación puede ser comparada con el sueño de Adán –él despertó y lo halló verdadero”. Adán tuvo un sueño con Eva la misma noche que Dios la creó, poniéndola frente a Adán por la mañana. A esto se refiere Keats.  Pero al contártelo, estoy retransmitiendo solo la imaginación de Keats quien, a su vez, transmite la imaginación de Milton, porque el sueño que cita es de un pasaje en el Libro VIII del Paraíso perdido, en el que Adán le cuenta al ángel Rafael lo que recuerda de la creación. Incluso las palabras “despertó y lo halló verdadero” probablemente sean las de Cowper, que escribió “despertó y lo encontró cierto” en un poema en 1789, seis años antes de que Keats naciera. Sin importar de quién sea la imaginación que está en juego, ninguna de ellas coincide con la fuente. En el Génesis, en ninguna parte está escrito que Adán tuviera un sueño. Solo dice esto: “Y el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán, y se durmió; y él tomó una de sus costillas y cerró su carne; Y de la costilla, que el Señor Dios le había quitado al hombre, hizo una mujer, y se la trajo al hombre “.

¿Qué imaginación tuvieron Keats y Milton, que supusieron que Adán estando dormido soñó con una mujer! Si estás durmiendo y te sacan una costilla, ¿es probable que estés soñando con una mujer? Es mucho más probable que sueñes con algo que está siendo robado de lo más profundo de tu ser. Era, por supuesto, algo que Adán necesitaba, porque estaba cansado de nombrar a todos los animales, de ser un poeta como muchos han indicado, y de no tener ayuda, él necesitaba algo de ayuda. Y la ayuda vino con la forma de una costilla robada de las profundidades de su propio cuerpo –en otras palabras, lo que él necesitaba estaba en algún lugar muy al interior de sí mismo, algo profundamente propio vino en su ayuda. Qué sorprendente que la ayuda viniera de tan adentro. Tal vez podamos ir más lejos que Keats, quizás podamos ir más allá simplemente comparando a la imaginación con el sueño de Adán, incluso quizás podamos movernos de un símil a una metáfora y decir que el sueño de Adán era la imaginación. La imaginación que, profunda en cada uno de nosotros, puede darnos lo que necesitamos y queremos, aquello con lo que soñamos, la realidad del amor y de la comunión, la ayuda en nuestra cansada soledad. ¿No has escuchado decir que uno tiene que imaginar la posibilidad de sueños como esos antes de que puedan convertirse en realidad, que uno tiene que haber soñado con ellos?

Emily Dickinson tenía una imaginación increíble, pero también su sobrino, que un día llegó de la escuela llorando, habiendo sido reprendido por su profesora –quizás incluso golpeado– por haberle contado al curso sobre una cabra blanca que vivía en el ático. Él fue atacado por ser un soñador, un mentiroso, por ser alguien que inventa cosas. Al escuchar esto, Emily estaba furiosa, furiosa, y dijo que la profesora podía venir a la casa y ver a la cabra blanca en el ático con sus propios ojos porque, de hecho, vivía allí, Emily la había visto, estaba ahí, comiendo un montón de hierba debajo de las vigas.

Esta anécdota es lo único que recuerdo de una biografía de la poeta de más de quinientas páginas. Ni siquiera vagamente me interesan los hombres, o las mujeres, ni ninguna de esas otras cosas; me interesa la cabra, que amo como si fuera la mía, y aunque no tengo ático, tengo un lugar en mi cabeza donde puede vivir, y seguir viviendo, mientras la alimento diariamente con cantidades de pasto recién cortado. A lo largo de los años le fue dada una cinta azul alrededor de su cuello, de la cual cuelga una campana de plata.

Le pregunté al poeta Michael Burkard sobre la imaginación, y él tenía esto que decir: “La imaginación es más parecida a la luna que al sol porque depende de otra cosa y no existe en un estado puro por sí misma [la manera en que la luz de la luna refleja la del sol, sin tener luz propia]. Necesita una apertura a lo que sea que esté ahí en el momento y no rechazarlo a causa de cualquier concepto formulado del pasado. Tú puedes colonizar a un lector del mismo modo que puedes colonizar un país. La imaginación no es un acto privilegiado; cualquiera se involucra en ella. La imaginación me permite dar crédito y entereza a cualquier existencia fuera de mí. Digamos que sueño con un ciervo en un bosque encantado y escribo un poema inspirado en él. El ciervo no me pertenece. Me otorgaron su presencia en el sueño. Me gusta pensar que es un “comportamiento a larga distancia que da miedo”, que es como los científicos describen a aquellos electrones que se responden unos a otros aunque estén distantes. Comportamiento a larga distancia que da miedo, eso es. Puedes sentir su presencia.”

Yo le discutí que algunas personas tienen más imaginación que otras, pero él dijo, “No, no tienen más, solo están más dispuestas a dejarla entrar por cualquier abertura a la que quiera entrar. Todos la ocupan, incluso manejando un auto por cinco minutos, pero no todos reconocen que la están ocupando. Y ten en cuenta que el acto mismo de escribir es un acto imaginativo, incluso un periodista utiliza su imaginación como un punto alrededor del cual reunir lo que realmente importa –debe imaginar lo que es importante. Incluso la memoria es un acto imaginativo, tú nunca cuentas la misma historia dos veces, ni siquiera para ti”.

Michael dijo que los poetas discriminan muy a menudo entre actos imaginativos y carentes de imaginación. Ellos están tratando de estar conscientes, siempre, de la diferencia. Pero si dejas de tratar de discriminar, si paras de discriminar, puedes empujar el límite de lo mundano en un esfuerzo para ver si abre de manera paradójica una nueva puerta a lo imaginativo. En otras palabras, los actos no imaginativos pueden llevar a los imaginativos.

Después de escuchar a Michael, pensé con gratitud en la cabra blanca, que me otorga su presencia en el ático.

¿Sabes? Pienso que ahora soy peor profesora que cuando era joven, porque cuando era joven estaba más o menos interesada en las mismas cosas que los estudiantes. Quiero decir, cuando tenía treinta y ellos veinte, o cuando tenía cuarenta y cinco y ellos treinta, esperaba una vida plena, larga y desenvuelta llena de escritura, lectura, pensamiento y conversaciones sobre poesía, como ellos. Pero en algún momento después de los cincuenta, y especialmente después de los sesenta, todo eso se esfumó; ahora no espero mucho más que un deceso constante, y con la explosión interminable de posmodernismo y tecnología en la que nacieron mis actuales estudiantes (que nunca piensan en que yo nací en un mundo sin Velcro) ahora más que nunca ni siquiera estoy interesada vagamente en las cosas que les interesan; todo eso puede, y podrá, seguir sin mí. Una manera de verlo es decir que están interesados en el futuro, y, teniendo un muy difícil y limitado tipo de futuro, yo no estoy muy interesada en eso, mientras al mismo tiempo me intereso más y más en el momento presente, y no me refiero al estado general de las cosas este mes, sino al bicho que camina por mi hoja de lechuga.

Le conté esto a mi amiga más antigua, una mujer que he conocido por cuarenta y cinco años, y dijo, “Sé a lo que te refieres, Mary, pero de ninguna manera es así, más bien es muy distinto, y las implicaciones son mucho más grandes. Otra gente nunca estuvo interesada en las cosas que te interesan a ti, y eso es lo que tú entiendes ahora, pero cuando eras más joven no lo entendías del todo, así que no te sentías aislada, ahora que lo entiendes te sientes así, y lo estás.”

Esta amiga mía siempre ha sido más sabia que yo. Supe de inmediato que estaba en lo cierto.

¿Así que ésta es la cosa que me interesa? Mi daimon, la imaginación, por supuesto. Podría darte una larga lista de cosas por las que no estoy ni siquiera vagamente interesada, pero muchas de ellas podrían ofenderte porque estoy segura de que tú estás interesado, por lo menos, en algunas de ellas.

Todo lo que puedo decirte es que por fin soy yo misma y soy libre, incluso si estoy aislada, y estoy feliz cuando quiero estarlo y triste cuando tengo ganas, y lo único que me preocupa es saber cuánta gente en la tierra no tiene ese privilegio, algunos por razones externas y otros por razones internas, y me inclino ante éstos y rezo por ellos.

Y luego escucho una pequeña campana, voy al ático y abro mis brazos alrededor de una cabra.

de: On imagination (2017)

Sobre la imaginación I (Mary Ruefle)

Un hombre y una mujer son uno.

Un hombre y una mujer y un mirlo son uno.

Un hombre y una mujer y un jarro de almíbar de arce y una zapatilla vieja y una estatua romana son uno.

Una mujer y su imaginación son uno.

Para mí es imposible escribir sobre la imaginación; es como pedirle a un pez que describa el mar.

He vivido por tanto tiempo con mi imaginación, y en mi imaginación, que no me acuerdo de un tiempo en la tierra sin ella, si existiera alguno. Es mi daimon. “El daimon es una especie de mellizo que merodea junto a ti, y es más vívido algunas veces cuando las cosas son duras, y te empuja a la vida que aceptaste vivir antes de caer en la amnesia del nacimiento y de olvidar todo el asunto”.

Voy a contarte ahora, antes de comenzar, cuál es mi conclusión racional sobre la imaginación: creo que no hay ninguna diferencia entre pensar e imaginar, y que ambos son uno.

Wittgenstein: “Ahora estoy tentado de decir que la correcta expresión en el lenguaje para el milagro de la existencia del mundo no es ninguna sentencia o proposición”.

La evolución de nuestros lenguajes –los diferentes lenguajes de la especie humana– fue un gran acto de imaginación que continuó operando por sí mismo por un largo periodo de tiempo, y lo sigue haciendo. En algún punto de este continuo, cuando uno dice o escribe la palabra “árbol,” aquel que la escucha o lee (leer es una forma de escuchar) tiene la imagen de un árbol en la mente. Cualquier cosa que involucre a una imagen en la cabeza es un acto de imaginación. Pensamos en ambas, imágenes y palabras, y dado que las palabras son representaciones imaginarias (la palabra “árbol” no es un árbol), pensar e imaginar son uno.

Lo que me enoja: que artistas de todo tipo siempre estén alabando a la imaginación y diciéndonos que es la única cosa maravillosa e importante en el ámbito de la psique humana; lo dicen como si no hubiese nada peyorativo o destructivo al respecto. Pero la imaginación es una cosa completa, redondeada y compleja, y como cualquier daimon, cuenta con más de un  aspecto.

Shakespeare imaginó Otelo y eso fue bueno. Otelo imaginó que Desdémona le era infiel, y eso fue algo malo.

Una vez en una cena me senté junto a una mujer joven que creía que la CIA había puesto micrófonos (bugged) en su ensalada, y eso la horrorizaba, y era incapaz de vivir una vida normal por imaginar este asunto terrible. Yo creo que este es un aspecto negativo de la imaginación.

Más tarde pensé: bueno, ella tenía razón en algo maravilloso después de todo, porque al poco tiempo cuando lavaba lechuga encontré una babosa, y mi lechuga estaba realmente intervenida. Y pensé que mi ocurrencia puede ser un ejemplo del aspecto positivo de la imaginación, porque la estaba usando cuando se me ocurrió.

Cuando era niña le hablaba a mis muñecas y mis muñecas me hablaban y éramos muy felices juntas. Algunas veces también le hablo a flores o a piedras y lo pasamos muy bien. Conozco a un hombre que cuando era niño jugaba a las bolitas y cada bolita tenia nombre. Un día una de sus bolitas se perdió, nunca la volvió a encontrar, y todas las otras bolitas con el niño hicieron un funeral para la bolita que se había ido para siempre.

Quizás tú estás pensando “ah, el juego, la sólida imaginación de un niño al jugar, debemos recuperar el juego y participar de él lo más seguido que podamos,” pero eso sería naïf, porque esto es mucho más complejo que un juego de bolitas: es la imaginación que tiene una vida propia y su propia autonomía, la imaginación no es aquello con lo que tú juegas, es la imaginación la que juega contigo. Tiene el poder de crear y destruir, de formar y deformar. El funeral puso muy triste al niño, incluso más triste que un funeral real, según me dijo.

Cuando era niña pensaba –imaginaba– que mis papás no me amaban por todas las cosas terribles que me decían y hacían. Todavía no había experimentado lo suficiente el imaginar que podías amar y aún así hacerle cosas terribles a quienes amas por razones que no tienen nada que ver con lo que sientes por ellos. No podía imaginar en ese tiempo cómo sentir compasión por la gente que hacía cosas terribles.

Todavía, en muchas circunstancias, simplemente no puedo hacerlo. Pero sé que mis papás me amaron, a pesar de las cosas terribles, y este ha sido un gran salto adelante.

El sentido común, o pensamiento racional, a menudo se opone a la imaginación, o pensamiento mágico. Esto, también, es profundamente problemático en su complejidad.

Robert Frost dijo que escribir en verso libre era como jugar tenis sin una red. Pero es fácil jugar tenis sin red, simplemente haces como que está ahí. O puedes jugar tenis sin pelota o raqueta, si lo prefieres. Yo lo he visto. Al final de Blow-Up de Antonioni juegan sin pelota y sin raqueta y es muy hermoso de ver. Incluso los espectadores presentes voltean sus cabezas a un lado y otro asombrados.

Puedo imaginar que hay un dios, una organización para el multiverso que amamos. Puedo imaginar que no hay un dios, ninguna organización en absoluto para el multiverso que amamos.

Y ahora, si me dejas deprimirte un momento, quiero recordarte que la imaginación es la que te mete en cada mañana cuando despiertas y en cada noche cuando te vas a dormir, y la que te dice que estás a salvo y que tus seres queridos están a salvo y que todas tus pertenencias realmente te pertenecen y que están tan a salvo como tú.

Por supuesto, tú no estás a salvo ni lo está nadie que conozcas, y nada te pertenece en realidad, no para siempre, y tu recuerdo más amado algún día le pertenecerá a otro. Pero, ¿quién quiere vivir en la inseguridad y el miedo?

Así que aquí, también, si piensas un poco distinto, vas a ver que la imaginación que ocupas al despertar y antes de dormir es un gran consuelo y una gran alegría, por más engañosa que sea, y el hecho de que te consuele no debería deprimirte sino regocijarte. Ahora que estás eufórico –de poseer una facultad tan reconfortante como la imaginación– siento que es seguro seguir adelante.

Es de sentido común –creo que es de sentido común– rechazar a un enemigo que ha cometido una transgresión, y en algunos casos matar al enemigo, dejar muertos a los más terribles. Nuestros ancestros en pensamiento, los chimpancés, lo hacían. Ahí está ese terrible momento cuando Jane Goodall graba su horror al descubrir lo que eran capaces de hacer sus amados y gentiles chimpancés.

Bhagwan Shree Tajneesh, llamado ahora Osho, dice de la figura histórica de Jesucristo que fue “un hito en la conciencia humana”. Jesús es un hito en la conciencia humana porque es un acto de imaginación perdonar a tu enemigo y mirarlo con compasión.

Tal vez la transgresión fue imaginaria. Tal vez el enemigo era imaginario. Para Otelo, la transgresión y el enemigo, ambos, eran imaginarios, estaban en su cabeza, eran él. Él fue su propio peor enemigo. Él se mató a sí mismo.

La imaginación es mi daimon porque es mi mejor amigo y mi peor enemigo. Es mi mellizo porque yo soy mi propio mejor amigo y mi propio peor enemigo.

Estoy inventando todo esto. Después de leer en voz alta un poema a una audiencia, le preguntaron a Robert Creeley, “¿Eso es un poema de verdad, o lo inventaste?

Por supuesto él lo inventó; era un poema de verdad. Las cosas reales son cosas inventadas. ¿Tú eres una persona real, o tus papás te inventaron? ¿Esa montaña es real o las fuerzas del universo la inventaron? ¿La realidad virtual de internet es real, o la inventó gente imaginativa como Steve Jobs?

¿Un pescado de plástico es un pescado?

No me gustan las flores artificiales, pero cuando se ven reales me enamoro de ellas.

Todas estas cosas conviven en la misma casa, la casa de la cabeza, y en la casa de la cabeza  el problema es real. Pero cuando le hablo a mis muñecas, desaparece.

Ten cuidado con la diferencia entre la verdadera simulación y la falsa simulación. Mi amiga Kate estaba de visita en mi casa, y estábamos tomando té. Mi peluche Ivan pidió una taza, y ella le llenó su minúscula tacita de té con agua y se la trajo. “Por qué me tomas,” lloró, “¿por un imbécil? Esto no es té, ¡es agua!” Kate quedó desconcertada, y llenó la pequeña tacita con té.

Wallace Stevens dijo: “No parece posible decir de la imaginación que tiene una característica única clara que por sí misma le dé un valor único claro, como, por ejemplo, de buena o mala. Decir tal cosa sería lo mismo que decir que la razón es buena o mala o, para el caso, que la naturaleza humana es buena o mala”.

Esto es lo que he estado tratando de decirte dándote todos esos ejemplos.

Ahora voy a hablar como artista. Como artista, me gustan muchos errores. No todos, pero muchos de ellos. Un error es solo otra “toma” de las cosas. Escuchar mal o leer mal son errores felices para un artista. Alguien dijo, “The door is ajar” (La puerta está entreabierta), y tú escuchaste “The door is a jar” (La puerta es un jarro). ¿Cómo una puerta puede ser un jarro? ¿Qué hay en el jarro de la puerta? Y te quedas pensando en puertas y jarros. Por esto, entre otras cosas, Gertrude Stein es famosa. Así que no dejes que te aflija nunca más.

Un hombre dio clases de arte en una universidad. Cuando llegó a su casa después del trabajo su hija le preguntó qué había hecho ese día. Él respondió, “Enseñé como dibujar”. Y ella le dijo, “¿A la gente se le olvida dibujar?”.

Los artistas solo son gente a la que no se le ha olvidado dibujar, y con esto me refiero a crear. Pero no te engañes; se les han olvidado muchas otras cosas. Algunas veces se les olvida que ya no tienen ocho años. Esta es la razón por la cual los artistas son problemáticos. Te lo digo solo para que sepas y dejes de pensar en eso.

“Si te fijas en el espíritu humano, vas a sacar un montón de buenas ideas.” Ese es Johnny Cash sobre escribir canciones, y me gustó tanto que pensé que podría incluirlo y que tendría sentido, incluso si aparecía como gratuito.

La aleatoriedad casi siempre es considerada un error, pero puede ser un muy buen error. Equiparamos la aleatoriedad en el arte con la del siglo XXI pero se remonta a más atrás. Yo coleccioné libros de texto del siglo XIX. Un libro de texto era el primer libro que tenía un niño, y le enseñaba a leer y escribir. La primera página de un libro de texto comienza con el alfabeto: a un árbol, b un  barco, c una cama, d un dado, y así. Pronto ella lee “Un ave y un ala”, y luego “¿Esta es una casa de madera, o no lo es?”, y después “Tomemos este camino por el parque”, y finalmente “Este pequeño pájaro se convirtió en la presa de un gran gato que se lo comió.” Todo esto tiene sentido y los niños lo aprenden, se lo tragan. Luego, en la última página, la cincuenta y cuatro de un libro de texto que tuve, impreso en 1880, todo se mezcla. Deja de tener sentido y los niños siguen tragándoselo. Es la página por la que estuvieron esperando, la suma de todo lo aprendido.

 

EL LIBRO DE TEXTO

LECCIÓN XXXI

Resumen

 

Dénle a la pobre niña un pedazo de pan, o un pedazo de pastel. Una tonelada tiene mil kilos. Mi amigo es bueno conmigo; él me dio este libro nuevo. El sol, la luna, y las estrellas están en el cielo. ¿Escuchaste el llanto del niño que se cayó en el arroyo? No señor, no lo escuché. ¿Has encontrado mu-chas nueces? No, no tenemos mu-chas. Los ojos del halcón son agudos. Sam encontró un pájaro joven muerto en el suelo. No voy a comprar una muñeca para regalarle a Jane en su cumple-años. El Hijo de Dios dijo, De-jad que los ni-ños ven-gan a mí.

Me encanta la última página del libro de texto. Para mí, suena como una voz húmeda en el aire cálido de una pieza.

 

de On imagination (2017).